Y ya estamos en el mes de mayo, siento que los días se me escapan de las manos como los granos finos de arena... qué barbaridad, si no da tiempo ni de hacerse a la idea que ya hay que ir planificando las vacaciones del próximo verano... Uy, pero eso es otro tema del que hablaré más adelante.
Hoy vengo "literata", y -¿a qué me refiero con ello?- estaréis pensando. Pues a mi pasión por la lengua y la literatura en español, que me llevó a los 18 años a estudiar en la universidad de Sevilla, Filología Hispánica, carrera en la que me licencié después de 5 largos años de estudio y esfuerzo, en los que disfruté a más no poder, pues era lo que me apasionaba por aquél entonces... después, los avatares de la vida me llevaron a venir a Cataluña, y emprender un negocio con mi marido, del que gracias a Dios vivimos desde mediados de 2005; pero qué queréis que os diga... mi vena literata me tira, de vez en cuando, y vuelvo a mis orígenes a releer, si el tiempo me lo permite, clásicos y modernos de las letras españolas.
La receta que traigo hoy no tiene nada que ver con lo que he empezado a contaros, pero sí, el mes en el que nos encontramos: MAYO. Desde los años de mi juventud, en el bachillerato, me aprendí de memoria, para recitarlo en clase el famoso y archiconocido Romance del prisionero, poema Anónimo del Romancero Viejo español, que se ha transmitido popularmente desde la Edad Media y siempre lo recuerdo cuando llega este mes...
Qué por mayo, era por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es día,
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.
Me sobrecoge recitarlo y leerlo una y otra vez. Qué hermoso y qué triste a la vez, ¿no os parece? Ese pobre prisionero, que se supone que está en una celda (tipo mazmorra), a la que no llega el aire limpio de la mañana, ni la luz solar por el día, pero que tiene la fortuna de oír a lo lejos a una pequeña avecilla que le canta, según él, al amanecer... qué romántico, qué poético y qué sensibilidad más pura y honesta. El poema declara la libertad de las aves, del campo y del amor en primavera, pero a la vez llama la atención sobre la pérdida de la libertad, la esclavitud y la desdicha de saber que un día puede ser privado de la vida; por eso, creo, que el cautivo supone que a la avecilla la ha matado un ballestero (con una ballesta o flecha), dejando ver que sus días quizá también están contados.
¿Conocíais este poema? ¿Lo habíais leído alguna vez? ¿Qué os sugiere a vosotros? ¿Qué interpretación le dáis? ¿Por qué no os animáis y me lo contáis en los comentarios?
Hoy vengo "literata", y -¿a qué me refiero con ello?- estaréis pensando. Pues a mi pasión por la lengua y la literatura en español, que me llevó a los 18 años a estudiar en la universidad de Sevilla, Filología Hispánica, carrera en la que me licencié después de 5 largos años de estudio y esfuerzo, en los que disfruté a más no poder, pues era lo que me apasionaba por aquél entonces... después, los avatares de la vida me llevaron a venir a Cataluña, y emprender un negocio con mi marido, del que gracias a Dios vivimos desde mediados de 2005; pero qué queréis que os diga... mi vena literata me tira, de vez en cuando, y vuelvo a mis orígenes a releer, si el tiempo me lo permite, clásicos y modernos de las letras españolas.
La receta que traigo hoy no tiene nada que ver con lo que he empezado a contaros, pero sí, el mes en el que nos encontramos: MAYO. Desde los años de mi juventud, en el bachillerato, me aprendí de memoria, para recitarlo en clase el famoso y archiconocido Romance del prisionero, poema Anónimo del Romancero Viejo español, que se ha transmitido popularmente desde la Edad Media y siempre lo recuerdo cuando llega este mes...
Qué por mayo, era por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es día,
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.
Me sobrecoge recitarlo y leerlo una y otra vez. Qué hermoso y qué triste a la vez, ¿no os parece? Ese pobre prisionero, que se supone que está en una celda (tipo mazmorra), a la que no llega el aire limpio de la mañana, ni la luz solar por el día, pero que tiene la fortuna de oír a lo lejos a una pequeña avecilla que le canta, según él, al amanecer... qué romántico, qué poético y qué sensibilidad más pura y honesta. El poema declara la libertad de las aves, del campo y del amor en primavera, pero a la vez llama la atención sobre la pérdida de la libertad, la esclavitud y la desdicha de saber que un día puede ser privado de la vida; por eso, creo, que el cautivo supone que a la avecilla la ha matado un ballestero (con una ballesta o flecha), dejando ver que sus días quizá también están contados.
¿Conocíais este poema? ¿Lo habíais leído alguna vez? ¿Qué os sugiere a vosotros? ¿Qué interpretación le dáis? ¿Por qué no os animáis y me lo contáis en los comentarios?
No es la primera vez que la cocino en el blog esta judía mungo o soja verde, pues ya tenéis otro potaje de azukis y mungo que también está bien sabroso.
La judía mungo, llamada en español comúnmente soja verde, en realidad no tiene nada que ver con la soja, pero la sigue de cerca en cuanto a proteínas se refiere. Además es muy fácil de digerir, por lo que si tenéis problemas con las legumbres, aquí encontraréis una alternativa fantástica para que no sufráis de aerofagia, post-lemgumbril, ni tengáis digestiones pesadas. Este es un guiso, que se hace prácticamente solo y que se digiere rápido y sin mayores problemas. Yo las cocino prácticamente igual que las lentejas y me da muy buenos resultados o también las he usado alguna vez para hacer hamburguesas vegetarianas.
El domingo pasado amaneció lluvioso y algo fresquete, así que al pensar "¿qué comemos hoy?", abrí la despensa, vi un "viejo" paquete de soja verde que había comprado el invierno pasado... y pensé: "Ya está, guiso de soja y así lo pongo el el blog, que no tengo la receta..." Dicho y hecho fue todo uno... así que ahora os propongo ponernos el delantal e ir a cocinar esta delicia que seguro os conquistará. Ah, y mientras tanto... no olvidéis recitar el Romance del prisionero, para inspiraros...
- 250 gr de soja o judías mungo.
- 1 cebolla blanca (yo usé de Figueras una variedad local de Cataluña que me apasiona).
- 3 dientes de ajo.
- 1 pimiento verde pequeño.
- 1/2 pimiento morrón rojo.
- 1 zanahoria.
- 1 calabacín pequeño.
- 1 hoja de laurel.
- Sal, aceite de oliva, 1 pastilla de caldo vegetal.
Preparación:
- En primer lugar lavamos muy bien, en un colador grande, la soja verde o judía mungo. La ponemos a remojar de 3 a 4 horas. Escurrimos y ya están listas para usarlas.
- Mientras se remojan las judías mungo, lavamos y cortamos a trocitos pequeños el ajo, la cebolla, el pimiento verde y el rojo, así como la zanahoria. El calabacín, lo podéis picar como yo hice a medias lunas.
- En una olla ponemos a sofreír todas las verduras, menos el calabacín. Las pochamos bien durante unos 10 minutos y agregamos la soja verde, la hora de laurel, la sal y la pastilla de caldo ecológico. Si queréis podéis añadirle cualquier otra especia, como comino, piméntón o curry; yo en esta ocasión lo hice bien sencillo y quedó muy sabroso, igualmente.
- Añadimos el triple de agua, que el volumen de las mungo y lo dejamos cocer por unos 30 o 40 minutos, removiendo despacio de vez en cuando. Se me olvidaba deciros que añadí las medias lunas de calabacín cuando quedaban 10 minutos para apartar el guiso.
- Apartamos cuando las mungo estén tiernas, no recocerlas, pues al ser unas judías tan pequeñas se pueden romper fácilmente.
Nos vemos la semana que viene y espero que me contéis qué os ha parecido el Romance y el potaje... dos temas antagonistas, pero que he tenido a bien juntar hoy en esta entrada. Besos y hasta la semana que viene.

































