Como es bien sabido este postre es de origen francés y, en su versión más clásica, va elaborado con cerezas (ya empiezan a verse en los mercados) mantequilla, azúcar, huevos, leche o nata y harina blanca... pero, como sabéis que me gusta darle la vuelta a todo... vi una versión vegana de la que me enamoré perdidamente al instante y después, hice mis propios ajustes y cambios en los ingredientes y el resultado fue espectacular; así que no dudé en hacerle algunas fotos para publicarlo, pues es un postre tan fácil que lo tenéis hecho en menos de una hora, y solo tenéis que esperar a que se enfríe bien, para poder disfrutarlo en todo su esplendor.
El clafoutis es un postre típico de verano. Aunque, podríamos hacerlo durante todo el año, usando la fruta de temporada que más nos guste. Esta versión de mi amiga, Marina, de Recetas París Finas, me gusta bastante desde que la vi y no descarto prepararla algún día; por eso, aunque ya sé que el mio no es de lo más ortodoxo y que me he saltado más de una regla de la repostería tradicional francesa, sé que ella también es muy innovadora, y me gustaría dedicárselo.
Poner este postre en la mesa, acompañado de un buen helado de vainilla, por ejemplo, puede convertir una comida sencilla, en todo un acontecimiento. Es muy suave al paladar, aromático y está buenísimo. Además de ligero. Os animo a probarlo, si aún no lo habéis hecho porque os gustará tanto que seguro lo repetís más de una vez, pues os garantizo que no da ninguna pereza hacerlo, prácticamente se hace solito. La magia de meter unas frutas frescas en una fuente bonita (apta para hornear) y cubrirlas de una suave masa líquida, parecida a la de las tortitas y que a los pocos minutos salga un pastel tan jugoso y agradable al paladar no tiene precio. Es una fiesta para nuestros sentidos, os lo aconsejo para uno de estos domingos que tienes gente a comer y no sabes qué poner para el postre.
Ingredientes:
- 300 gr de frutos rojos: yo usé arándanos frescos, fresas y moras.
- 70 gr de harina de arroz (también puede ser harina blanca pero ya no sería sin gluten).
- 50 gr de azúcar.
- 8 gr de polvo para hornear (levadura tipo Royal).
- Un pizca de sal.
- 100 ml de leche vegetal (yo usé de soja).
- 30 ml de mantequilla de cacahuete o almendras (también puede ser tahini, o crema de sésamo, pero he notado que con un sabor algo amargo... será porque mi tahini es muy concentrado).
- 3 ml de aroma de vainilla.
- Aceite vegetal o margarina vegana, para engrasar el molde.
- Azúcar glacé para decorar (opcional).
- 50 gr de azúcar.
- 8 gr de polvo para hornear (levadura tipo Royal).
- Un pizca de sal.
- 100 ml de leche vegetal (yo usé de soja).
- 30 ml de mantequilla de cacahuete o almendras (también puede ser tahini, o crema de sésamo, pero he notado que con un sabor algo amargo... será porque mi tahini es muy concentrado).
- 3 ml de aroma de vainilla.
- Aceite vegetal o margarina vegana, para engrasar el molde.
- Azúcar glacé para decorar (opcional).
Preparación:
- Escogemos y lavamos las frutas. Las colocamos en el fondo de una fuente bonita apta para hornear.
- A continuación, preparamos la masa mezclando en un bol todos los ingredientes: harina de arroz (también puede ser fécula de maíz, por ejemplo), azúcar, polvo para hornear, pizca de sal, leche, tahina o mantequilla de cacahuete y esencia de vainilla. Mezclamos bien, vertemos sobre la fruta y llevamos a un horno, precalentado, a 180ºC, durante 20 o 25 minutos. Y listo!!
- Dejamos enfriar por completo a temperatura ambiente, después llevamos al frigorífico, por al menos 2 horas y ya lo puedes disfrutar. Y si lo acompañas con algún helado... ya es el no va más.
Como veis es un postre muy sencillo y agradecido y a vuestros hijos les volverá locos, ya veréis. Hacedlo y me contáis qué os ha parecido...
Besos y hasta la semana que viene.






























